Pasión, una razón poderosa para emprender

+ Pasión, una razón poderosa para emprender

Pareciera irrelevante que al momento de iniciar un nuevo proyecto de emprendimiento, fuese innecesario valorar el sentimiento que se tiene hacia éste; mencionamos la palabra sentimiento y nos alistamos para atribuir cursilería al hecho de estimar qué tanto nos mueve o nos genera pasión ese nuevo proyecto.

Durante una sesión de trabajo, en la que nuestro equipo de consultores ayudaba a un emprendedor a modelar el producto mínimo viable a través de la experiencia del cliente, se pudo encontrar cómo la pasión, el gusto y hasta placer por el “tema central” del proyecto, podrían facilitar la profundización y el hallazgo de elementos de alto valor.

Antes de avanzar, hablemos un poco de él, del emprendedor.

Se trata de Ricardo (nombre ficticio); casado, con hijos y con un empleo estable bien remunerado. A Ricardo siempre le han gustado las motos (tema central ficticio), y básicamente es el “consultor” de amigos y familiares al momento en que estos necesitan comprar, vender, arreglar o mejorar una moto. Él, durante muchos años ha tenido en mente una idea de negocio en la que ha trabajado de manera intermitente, y decimos intermitente porque ha tenido varios intentos, sin embargo, solo han quedado avances teóricos y significativos, pero sin implementar.

Hace poco, Ricardo nos contactó – a Punto estratégico – para pedir nuevamente acompañamiento en el arranque de su emprendimiento. No obstante, nuestra primera reacción fue enfrentarlo con la historia fallida, poniendo sobre la mesa tres elementos que consideramos fundamentales al momento de emprender: tiempo, dinero y pasión. Afortunadamente, él había hecho un análisis de los antecedentes y por lo tanto manifiesta que en esta ocasión tenía: tiempo, dinero y pasión.

Y era cierto, Ricardo tomó una decisión radical y de alto riesgo; renunció a su empleo estable bien remunerado, es decir, disponía de todo el tiempo necesario; puso a la venta su apartamento amplio y cómodo porque reconoció que podía ubicarse en un apartamento un poco más pequeño, e igual de cómodo; además retomó una serie de contactos con potenciales inversionistas, es decir, disponía de dinero; por último, el emprendimiento tenia como “tema central” las motos, es decir, había pasión.

Indudablemente nos pusimos frente a una gran oportunidad para acompañar un proceso del que esperamos muy buenos resultados.

Retomando la sesión de trabajo, pusimos sobre la mesa todos los avances teóricos bien fundamentados con los cuales contaba Ricardo, y procedimos a virar la teoría hacia la acción. Teníamos claro que éste emprendedor necesitaba avanzar hacia el producto a través del cual entregaría la oferta de valor al mercado, fue entonces que decidimos desarrollar la sesión de 5 horas en torno a la experiencia del cliente y del usuario.

Ese día nos sumergimos en el viaje del cliente, “Se trata de un diagrama que muestra los pasos extremo a extremo que sigue tu cliente al relacionarse con tu empresa (ya sea a través de un servicio, producto o de lo que sea). Este cambio de enfoque nos hace tomar conciencia de la importancia de diseñar una gran experiencia de cliente, de comprender no sólo los aspectos medibles de nuestro modelo de negocio, sino la percepción del mismo que tiene el cliente, de entender realmente al cliente y empatizar con el… Porque como personas, lo que recordamos son las emociones, la visión subjetiva de cómo nos han hecho sentir, y no la parte objetiva”. Javier Megias

El punto clave de toda esta experiencia es que Ricardo disfrutó cada momento de la sesión de trabajo, sus expresiones orales y corporales fueron tan importantes que la inmersión esta en el top 10 de las mejores experiencias que hemos tenido con un emprendedor. Básicamente, el ejercicio se facilitó por la gran pasión por -las motos-, el “tema central”. La pasión, según Ricardo, lo ha conducido a construir un conocimiento significativo sobre el negocio, tanto es así que tiene experiencia laboral en negocios adyacentes, permitiéndole forjar un universo claro y profundo al respecto.

Los hallazgos logrados fueron tan importantes, que el mismo Ricardo se sorprendió al ver como logramos configurar una experiencia del cliente diferente en relación a la experiencia que ofrece la competencia. Para nosotros el mayor hallazgo, sin duda, fue reafirmar que la pasión – Apetito de algo o afición vehemente a ello – representa al menos un 50% de la consecución de resultados y avances en torno al desarrollo de un emprendimiento.

No es entonces para nada cursi estimar qué tanto nos mueve o nos genera pasión un emprendimiento, por el contrario, es valioso y significativo valorar qué tan cómodo y feliz nos sentimos con el “tema central” del que trata nuestra propuesta de negocio.

Ahora, Ricardo se enfrenta a una labor importante: Desarrollar un MVP funcional de la solución prototipada, identificar clientes en entorno real para implementar el servicio, desarrollar una prueba piloto y evaluar permanentemente los resultados de la prueba piloto en términos de cumplimiento de la oferta de valor y el entendimiento de lo que se debe eliminar, sustituir o crear.

Por: Ronil Berdugo

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